Viñedo

Las viñas se extienden entre Fuentelcésped y San Juan del Monte, sobre suelos y orientaciones diversas. Parcelas trabajadas de forma individual, con viñas de entre 12 y 100 años, que aportan carácter, equilibrio y autenticidad al vino.

El viñedo es el verdadero origen de los vinos Díaz Bayo y el eje sobre el que gira todo el proyecto. Cada parcela se trabaja de forma individual, atendiendo a sus características propias y respetando el equilibrio natural de la vid, con el objetivo de que cada uva exprese fielmente el lugar del que procede.

Las viñas se encuentran repartidas entre los términos municipales de Fuentelcésped y San Juan del Monte, en un entorno marcado por una gran diversidad de suelos, orientaciones y altitudes. Esta riqueza de factores naturales permite obtener uvas con perfiles muy distintos, que dan lugar a vinos diferenciados, complejos y con identidad propia.

Los suelos presentan una notable variación, combinando gravas, calizas, arcillas y arenas, lo que influye directamente en el vigor de la planta, el drenaje y la expresión final del vino. A ello se suma la localización de los pagos en laderas, algunas rodeadas de monte o de vegetación aromática, que aportan matices únicos y refuerzan el carácter del terruño.

La altitud, que alcanza en algunos puntos los 940 metros, es otro factor clave del viñedo. Estas condiciones favorecen una maduración lenta y equilibrada, con una marcada amplitud térmica entre el día y la noche, aportando frescura, elegancia y precisión aromática a las uvas.

Las viñas, con edades comprendidas entre los 12 y los 100 años, representan un patrimonio vitícola de gran valor. Las cepas más viejas, de bajos rendimientos y raíces profundas, ofrecen una uva concentrada y expresiva, capaz de transmitir la historia y la singularidad de cada parcela.

Dentro de este conjunto destaca el histórico Majuelo de la Hombría, un viñedo de 165 años de antigüedad situado en Fuentelcésped, sobre suelos de piedra blanca y carácter pedregoso. De esta parcela excepcional solo se elaboran pequeñas producciones, y únicamente en aquellos años en los que la calidad de la uva alcanza el nivel deseado.

El trabajo en el viñedo se basa en la observación constante, el respeto por los ciclos naturales y una viticultura orientada a la calidad, entendiendo que el vino nace en la tierra y que cada decisión en el campo es determinante para el resultado final.